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JOAQUIN GIANNUZZI
¿Estás suspenso
mirando la ventana que ha girado boca arriba,
oyes por ella el hueco del mundo?
¿Y qué hace perplejo, difundido,
lleno de certezas
tu ojo como un juguete de dios?
La nada ha sucedido. Lo sabes
ahora que las cosas sólo aparecen de tu luz
y la mañana gira ajena y lejos,
como encerrada en una naranja.
Los que te quieren suenan con tu voz
igual que entre las ruinas, los pájaros
suenan a columnas.
Esta hora desarmará, larguísima, a tu mujer
hasta que toda su carne se vuelva de palabras,
a tu amigo Hugo Caamaño
que se ha quedado fijo
frente al horizonte;
a tus hijas, desarboladas, con sus pulseras mudas,
mientras el día se balancea con tu sensación
y no tiene tiempo
sino ventolera
que se enciende, apaga, enciende
cuando pasa un alma.
Como la poesía tendrás, por fin,
la forma peregrina,
en Campo Quijano
que tanto te llovía y desterraba.
Que se cubra contigo esa comarca.
Y te nazca.
Salva lo real. Siembra tu cabeza
y late a muerte, a vida, late,
hasta que la dalia,
la que cantaste, invicta,
se alce en silencio
y desollada
te merezca.
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